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Miedo

Déjame que yo te diga unas palabras acerca del miedo. Es el único y auténtico adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida. Es un contendiente traicionero y perspicaz, y bien que lo sé. Carece de decoro, no respeta ninguna ley, ningún principio. Te ataca el punto más débil que siempre reconoce con una facilidad infalible. Empieza con la mente, siempre. Estás tranquilo, sereno y feliz y al poco rato el miedo, ataviado con la vestimenta de duda afable, se te cuela en la mente como un espía. La duda se encara con la incredulidad y la incredulidad trata de expulsarla. Sin embargo, la incredulidad es un mero soldado de infantería desprovisto de armas. La duda la elimina en un santiamén. Te inquietas. La razón viene a luchar por ti. Te tranquilizas. La razón está bien equipada con armas de última tecnología. No obstante de forma asombrosa, a pesar de contar con unas tácticas superiores y un número de victorias aplastantes, la razón se queda fuera de combate. Te sientes debilitar, flaquear. La inquietud se torna terror.
El miedo entonces acomete contra el cuerpo, que ya se ha dado cuenta que algo va horriblemente mal. Los pulmones ya han salido volando como un pájaro y las tripas se te han escurrido como una serpiente. Ahora la lengua se te cae muerta como una zarigüeya y la mandíbula empieza a galopar sin poder avanzar. Ensordeces. Los músculos te tiritan como si padecieras malaria y las rodillas te tiemblan como si estuvieras bailando. El corazón se pone demasiado tenso y el esfínter demasiado relajado. […]
Te ves tomando decisiones precipitadas de forma atropellada. Despides a tus últimos aliados: la esperanza y la fe. Y ya está, tú mismo te has derrotado. El miedo, que no es más que una impresión, ha triunfado sobre ti.
Es una cuestión difícil de plasmar con palabras, pues el miedo, el miedo de verdad, el que te sacude hasta los cimientos, el que sientes cuando te encuentras cara a cara con la muerte, te corroe la memoria como la gangrena: intentará cariarlo todo, hasta las palabras que pronunciarás para hablar de él. Tienes que luchar a brazo partido para alumbrarlo con la luz de las palabras. Porque si no te enfrentas a él, si tu miedo se vuelve una oscuridad muda que evitas, quizá hasta olvides, lo que te expone a nuevos ataques de miedo porque nunca trataste de combatir al adversario que te venció.

Tomado del libro VIDA DE PI de YANN MARTEL

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De porqué me gusta Twilight

Los vampiros están de moda y ese fue el motivo por el que vi la primera película. Ni siquiera la vi en el cine. Esperé que la dieran en Digital Plus para ver de qué se trataba ese fenómeno que estaba en boca de todos y del cual yo apenas había oído hablar. La película me entretuvo pero aparte de la banda sonora y la romántica escena final, la verdad es que me pareció poco memorable. 

Meses después, cuando el único recuerdo que me quedaba de la película era la canción de Iron & Wine (Flightless Bird,  American Mouth) en mi móvil, me tropecé con Luna Nueva en la biblioteca.

De entre mis muchas manías con los libros, destacaré una: a menos que vaya en busca de un título determinado o de un autor específico, desconfío de los libros que se ven muy cuidados. Este ejemplar en particular daba pena verlo, no podía estar más maltrecho y por ese motivo me lo llevé a casa…Grave error.

Yo, que tengo a García Márquez en un pedestal, devoro a Paul Auster con gula y tengo una debilidad insana por Vila-Matas, me sorprendí al verme arrastrada, con  vergüenza pero sin remedio, al mundo de fantasía de Stephenie Meyer. Por una vez, los vampiros en lugar de dormir en tenebrosos ataúdes a la luz de cirios chorreantes,  se pasan la noche en vela disfrutando del arte, música y literatura. En lugar de inspirar miedo, provocan pasiones shakesperianas. En lugar de disolverse en cenizas con la luz del sol, centellean. Vamos, que me queda claro que a la Meyer no le va lo gótico.

Twilight no me gusta por sus actores, aunque debo reconocer que Pattinson está como un queso. Tampoco me gusta porque me siento identificada con la trama como suelen decir muchas(¡¿?!)-supongo que es porque los vampiros escaseaban cuando yo iba a la secundaria- y mucho menos con la protagonista- disto mucho de parecerme a esa chica casi albina de aspecto frágil que es Bella-.

Entonces ¿qué tienen esas novelas  que me gustan tanto? Debo admitir que me recuerdan las novelas románticas y cochinas que leía – con fines didácticos, aunque no lo crean- a hurtadillas en el internado de señoritas en que estudié , sólo que en Twilight, lastimosamente, la Meyer deja las partes cochinas para la imaginación, y con la imaginación que tengo yo, realmente no sé qué es peor. Vale, entiendo que hay que preservar las límpidas mentes pubertas del público al que van dirigidas estas historias…y es ahí donde me lío…¿Porqué me siento culpable por disfrutar de la ficción adolescente de Meyer? He llegado al absurdo de tener una cuenta “secreta” en You tube para puntuar y comentar los vídeos relacionados con Twilight, no fueran mis amigos a enterarse de que  tengo hobbies tan perniciosos.

Lo cierto es que ya estoy muy grandecita para esas bajas pasiones y que empecé este post tratando de justificarme a mi misma, para concluir que sencillamente soy una romántica sin remedio, incapaz de resistirme a historias de amor retorcidas e imposibles y entre más retorcidas e imposibles mejor.

Twilight me gusta porque si, y no tengo que justificarme conmigo ni con el mundo, y como dijo Forrest Gump:” …and that’s all I have to say about that”

La soledad de los números primos

Desde hace un buen tiempo he venido escuchando de este libro. Aparte de tener un título sugerente, me llamaba la atención el  hecho de que escuché a alguien elogiar el libro y lamentarse de su pésimo final. Hace casi dos meses , el agente vendedor del Círculo de lectores me lo entrego en la puerta de  casa, pero ocupada como estaba en otros asuntos y otras lecturas, se fue quedando olvidado y relegado  a la base de la pirámide de libros por leer que mantengo en mi mesa.

En el caos perenne con que mantengo mis documentos personales, buscando una factura me encontré con el libro. Me senté en la cama mientras releía la solapa y olvidándome de la factura -todavía la sigo buscando-empecé con la primera página y luego la segunda y así, hasta que cuando vine a darme cuenta eran las 1:00 AM y yo ni siquiera me había acordado de cenar.

Alice y Mattia  son personajes más comunes de lo que parecen. Encarnan esos seres emocionalmente incapaces de conectar con el mundo que les rodea. Cierto es que hay un episodio específico en cada una de sus vidas que distorsiona la percepción que tienen de la realidad , que los lleva a refugiarse en su soledad y que siembra en sus entrañas un descomunal  miedo a vivir. De hecho, en todo el libro no toman ninguna decisión por cuenta propia. Se limitan a navegar a merced de la corriente dejando que los demás o las circunstancias  decidan por ellos, y en la única ocasión en que son conscientes  de que está en sus manos cambiar el rumbo de sus vidas, Alice calla lo que sabe y Mattia se resiste a darle el beso que ella está esperando y que él mismo desea darle, más que nada en el mundo.

 Mi teoría es que aunque nos quieran vender por activa y por pasiva que el fin máximo de nuestra existencia es encontrar la felicidad, hay personas que por defecto carecen de ese gen en su ADN y ante tales circunstancias, están destinados a andar a trompicones por la vida y  poco o nada pueden hacer por cambiar su destino.

Difiero con lo del pésimo final. Tiene el final preciso para dos personajes que-porqué  no decirlo- me han atrapado.

Una de Vila-Matas…

[…]¿Sabía yo también veinte historias?, me pregunté ese día enseguida. En verdad no, había vivido poco, tenía escasas experiencias y, si quería ser honesto conmigo mismo, debía reconocer que no tenía veinte, y ni siquiera tenía una sóla historia[…]. Tampoco es tan grave, recuerdo que me dije. Después de todo es cuestión de paciencia, algún día seré un buen escritor. Pero también recuerdo que entonces entré en una cadena de preguntas: ¿Y porqué diablos no soy ya ahora mismo ese buen escritor que un día seré? ¿Qué me falta para serlo? ¿Vida y lectura? ¿Eso me falta? ¿Y si no llego a ser nunca un buen escritor? ¿Qué seré entonces? ¿Seré toda la vida un joven sin experiencia ni lecturas, incapacitado para escribir bien? ¿Podré soportarlo?[…]

Si de verdad fuera escritor, me dije, no tendría problemas tan salvajes. Pero ¿Había que esperar a otra edad para no tenerlos? ¿Se llegaba alguna vez a ser escritor de verdad?

Si de verdad fuera escritor, me dije, África sería mía. ¿Y porqué África? Porque conocería la melancolía de regresar a donde nunca estuve. Porque iría a lugares en los que ya habría estado antes de haber ido nunca, ciudades en las que ya habría estado antes de estar jamás.

Si de verdad fuera escritor, probaría como Rimbaud a crear todas la fiestas , todos los triunfos, todos los dramas. Intentaría inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas.

Si de verdad fuera escritor, sería absolutamente moderno. Y con la aurora, armado de una ardiente paciencia, entraría en las espléndidas ciudades . Si de verdad fuera escritor , transcurririan mis días de forma muy distinta. Si de verdad fuera escritor…