Archivos Mensuales: octubre 2014

Mi “buena” suerte

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Una vez leí que si en otoño cogemos al vuelo la hoja de un árbol, ese es un signo inequívoco de buena suerte. Y yo me pregunto ¿qué papel juega el factor suerte en nuestras vidas? Yo misma debo confesar que sin ser verdaderamente consciente de ello, en el fondo he creído que en premio a ser una buena persona (porque todos creemos ser buenísimas personas) un día mágico me despertaré y mi vida será como siempre la he soñado: de la nada se materializarán un esposo guapo, protector  y divertido-por eso del payaso/ninja con que todas soñamos como marido- y un par de niños de bucles rubios jugarán en el jardín de mi casa perfecta al pie de una colina. Mi celulitis será historia pasada y un vientre firme y plano habrá sustituido esta tripa que me da los buenos días cada mañana frente al espejo y que me recuerda  que en mi caso el gimnasio no es un pasatiempo si no una obligación. La novela mas hermosa jamás escrita figurará en las estanterías de las librerías donde mi foto  mostrando una sonrisa distante aparecerá en la solapa, y yo finalmente, como Dios al séptimo día, me deleitaré en lo bueno y podré descansar y ser feliz por el resto de mi vida.

No sé si existe la suerte, pero lo que sí he aprendido, especialmente en los últimos 7 años, es que la buena suerte se crea,  se construye con planificación, trabajo y mucha, mucha perseverancia.

Miro atrás y me doy cuenta que solo lo que me ha costado esfuerzo es lo que verdaderamente me ha dado satisfacción. Lo que he atribuido a la suerte  me deja el regusto de las espumillas que hacía mi abuela: una explosión dulce en la boca que dos segundos después moría aplastada entre mi lengua y el paladar a falta de consistencia. Pero esa no es novedad. Creo que mi madre hace ya mucho tiempo se dio cuenta que parió una testaruda de pura cepa que llegó tarde al colegio el día que enseñaron lo de elegir el camino fácil. Sin embargo, hace un par de días sentada en el banco del parque cayó en mi mano sin previo aviso una hoja del otoño. No pude evitar acordarme de lo que leí aquella vez y decidí conservarla solo por si acaso.

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